dimarts, 11 de desembre del 2012

Cuando la mayoría de la gente se echa atrás, retrocede de verdad. ¡Yo sólo retrocedo para tomar carrerilla!

Nadie pierde a nada, porque nadie posee a nadie. Ésa es la verdadera experiencia de la libertad: tener lo más importante del mundo, sin poseerlo.
Al oír esa frase que no esperabas oír, o puede que sí, pero el caso es que no querías, te rompes, te caes y lloras mucho... Solo sientes rabia, dolor, y rabia, y más dolor... A la mañana siguiente no levantas la cabeza, te hablan, no contestas, ni siquiera los escuchas. Pero de repente tu manera de ver las cosas da un giro y ya no sientes lástima, ni pena, no te arrepientes de lo que hiciste, total, ¿para qué? Tú no eres la hija de puta. Y así, de repente, le odias. Le insultas, le maldices, le dices cosas que jamás le dirías si pensaras con claridad, pero no piensas, estás demasiado enfadada, la única manera de desahogarte es esa, hacerle daño, mucho, demasiado, tanto como el que él te hizo a ti. No quieres escucharle, no soportas que te hable tranquilo, sin llorar, sin que ni siquiera le tiemble la voz, sin notar ni una pizca de dolor en ella. Te pones a pensar en que nunca te quiso, que tampoco te quiere ahora, y que nunca te querrá, jamás. Y entonces, ahí, abres los ojos, y te das cuenta que los buenos momentos no compensan a los malos, que las mentiras, son lo que más pesa, y las lágrimas, algo que no deberías haber desperdiciado de esa manera... Te das cuenta que jugo contigo y te tracto como una muñeca y que no se paro ni a pensar en tus sentimientos, quisieras ser correspondida pero en realidad, eras una más. Bienvenida al mundo de los corazones rotos, donde las esperanzas solo aparecen por las noches. Ponte cómoda que esto va a durar un buen rato...


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